Cuando caminaba por su azuloso espectro, brillante, pensante y sobre todo
observador de la belleza misma, mis sentidos se encontraban extasiados. El
vaivén y la espuma blanca constante que sin importar en donde mirase, el sonido
llegaba casi bailando a mi oído. Quise ir siempre a verlo. Mis pies solían ser
los que más disfrutaban o se impregnaban de su inmensidad. Porque eso era,
inmensidad. En ese universo azul, no hay espacio ni tiempo, solo hay fluido
constante y eternidad. Belleza. Quisiera ser mar, quisiera poder estirar mis
miembros hasta el infinito, quisiera poder comunicar mis tres mil voces
internas y gritar lo que quiero, tener poder y voz. Quisiera ser mar. Cuando
mis pies ya tocaban el agua, me enamoré. Casi como un muñeco me dirigí hacia su
boca, y me adentré en sus dulces palabras blancas y ligeras. Oh ! Como desearía
que fueras mío, que pudieras entender todo lo que te admiro. Me consuelo con
pertenecer a tu universo de cascarones perdidos y olvidados, a tu historia que
es dueña del comienzo y probablemente del final. A tus habitantes, que amados
míos, convivirán conmigo hasta siempre. Quisiera ser mar, para poder mirar todo
una y otra vez y ver el reflejo del sol estallar en mil pedazos sobre mi piel.
Ánonimo
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