domingo, 10 de febrero de 2013

A Mar



Cuando caminaba por su azuloso espectro, brillante, pensante y sobre todo observador de la belleza misma, mis sentidos se encontraban extasiados. El vaivén y la espuma blanca constante que sin importar en donde mirase, el sonido llegaba casi bailando a mi oído. Quise ir siempre a verlo. Mis pies solían ser los que más disfrutaban o se impregnaban de su inmensidad. Porque eso era, inmensidad. En ese universo azul, no hay espacio ni tiempo, solo hay fluido constante y eternidad. Belleza. Quisiera ser mar, quisiera poder estirar mis miembros hasta el infinito, quisiera poder comunicar mis tres mil voces internas y gritar lo que quiero, tener poder y voz. Quisiera ser mar. Cuando mis pies ya tocaban el agua, me enamoré. Casi como un muñeco me dirigí hacia su boca, y me adentré en sus dulces palabras blancas y ligeras. Oh ! Como desearía que fueras mío, que pudieras entender todo lo que te admiro. Me consuelo con pertenecer a tu universo de cascarones perdidos y olvidados, a tu historia que es dueña del comienzo y probablemente del final. A tus habitantes, que amados míos, convivirán conmigo hasta siempre. Quisiera ser mar, para poder mirar todo una y otra vez y ver el reflejo del sol estallar en mil pedazos sobre mi piel. 

Ánonimo

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