Transantiago. Sistema de transporte público de Santiago.
Micros que no paran, mil y un quejas, subidas de tarifas, empujones, no meta la
mano, sardinas a la hora de salir del trabajo, el infaltable grito ¡la puerta!
Pese a todos estos inconvenientes, me gusta andar en micro. Entre tantos
destinos diferentes y un mismo recorrido, entre aburrimiento y curiosidad, las
miradas se cruzan. Es como si los ojos jugaran a las escondidas y la micro se
transforma en el palacio de las miradas furtivas. Se me escapan las sonrisas
cuando logro pillar a algún pasajero mirando el poto de algún otro, o la ropa,
o leyendo sigilosamente lo que lee él de al lado. Otros, para evitar la
vergüenza o simplemente para librarse a la metafísica, prefieren la mirada de
la ventana. En este palacio, otros, cansados, duermen. Y todo cuerpo va al
mismo ritmo, el va y viene de la ruta, despiertos y durmiendo, todos bailan. A excepción de la señora que se dedica a tapar
el paso. Imponente roca, soldado raso, esta señora se para en la mitad del
pasillo y no deja pasar a nadie. No le importa si la micro esta rebalsando, no,
ella se asegura un lugar estratégico, y no se mueve. Nadie puede con ella,
excepto quizás otra de su tipo. Lucha de titanes. Si logras milagrosamente
vencer al gigante, llegas al fondo de la micro. Todo un antro, ese final. Bar
de artistas, nunca faltan los graffitis y el obrero que infraganti, abre una
cerveza. Puede también que no hayas tenido la suerte de llegar al final donde
se respira, y quedaste atrapado en la mitad del troncal. Si es el caso, puedes
conocer esos personajes que interrumpen el viaje con parche curitas, dulces,
lápices, inciensos, cremas, calendarios, en fin, todo artículo suntuario
imaginable. A veces el encuentro es más alegre, y la micro es ahora un
escenario de artistas emergentes. Imitadores, payasos, mimos, músicos. Cruzo
los dedos para que reciban la recompensa que merecen por un día nómada, una
moneda a veces y quizás una simple sonrisa. La micro es todo un mundo, que de
andar en auto no tendría como conocer. Y cada día el primer suspiro se escapa
cuando llego al paradero, cuando el cemento de la calzada ya es casi invisible,
y como un frondoso bosque solo veo piernas.
Este blog esta dedicado para crear un "Espacio Literario" donde se puedan subir textos y que los otros los puedan comentar para ir forjando nuevos autores y perfeccionar sus cualidades.
domingo, 23 de diciembre de 2012
lunes, 17 de diciembre de 2012
Ocho
¿Te
acuerdas de nosotros dos? Fuimos jóvenes y felices. Pensaste que ese momento
seria eterno. Pero te equivocaste. Nos equivocamos. Nunca imaginaste que aquel momento
desaparecía sin dejar ningún rastro y
sin dar ninguna explicación. Deseamos hacer lo correcto, pero al intentarlo
fallamos. Y ahora, mírate, estas tan llena de vacíos. Ya no te reconozco. Y a
la vez no me reconozco ni a mí mismo.
Cuento de un escritor anónimo.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
Negativo
Traición
Amarga canción
Confusión
Para perder la razón
Tristeza
Metida en la cabeza
Enojo
Entre ojo y ojo
Soledad
Sin edad
Pesimismo
Profundo abismo
Rencor
No hay nada peor
Ira
Empuja y tira
Y lo bueno?
No, eso no.
Amarga canción
Confusión
Para perder la razón
Tristeza
Metida en la cabeza
Enojo
Entre ojo y ojo
Soledad
Sin edad
Pesimismo
Profundo abismo
Rencor
No hay nada peor
Ira
Empuja y tira
Y lo bueno?
No, eso no.
sábado, 1 de diciembre de 2012
Max Libérum, El Desamor
El Desamor da pasos seguros dentro de mi
y transita inefable por mis jardines.
Toca mi puerta
cada noche en que no duermo
(o sea todos los días)
Me dice: que la alegría no existe
que no es mas que un momento de distracción,
un instante que se desvanece.
El desamor florece dentro de mi.
Me declaro estúpido
por regarlo a diario.
Pero admito,
que sin el moriría.
Admito,
que soy el Desamor en vida.
Max Libérum, El Desamor
Caídas de Christian Silva
En el gélido abrazo del rio
Sonríen lívidas las piedras infinitas
Mas no es casualidad que el viento tibio,
como de costumbre olvide,
mientras el vestigio grita.
Sus rostros permanecían
Sólidos y calmados como ayer, a la misma hora.
Una hoja del Arce más alto caía
a lo más profundo de la casualidad;
sobre aquella roca.
El reloj marcó un eco paralizante
Son las doce AM.
Al próximo día todo sigue como siempre,
Mas ya nada es igual,
El verso cae como aquella hoja
Y se vuelve a levantar.
Christian Silva, Caídas
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