En el gélido abrazo del rio
Sonríen lívidas las piedras infinitas
Mas no es casualidad que el viento tibio,
como de costumbre olvide,
mientras el vestigio grita.
Sus rostros permanecían
Sólidos y calmados como ayer, a la misma hora.
Una hoja del Arce más alto caía
a lo más profundo de la casualidad;
sobre aquella roca.
El reloj marcó un eco paralizante
Son las doce AM.
Al próximo día todo sigue como siempre,
Mas ya nada es igual,
El verso cae como aquella hoja
Y se vuelve a levantar.
Christian Silva, Caídas
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